¡Da el golpe!  
Elecciones municipales de 2015. PLAZ!, LA CANDIDATURA FEMINISTA DE DONOSTIA

#ITUALKATE #VOTAPLAZ!

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EJES

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El sexismo, la separación entre los sexos y los géneros, afecta a la jerarquización de la ciudadanía y ordena y organiza nuestra sociedad haciendo que el ámbito público sea el importante y el doméstico se invisibilice.

Nuestras sociedades están fundamentalmente estructuradas en el machismo. Las sociedades industrializadas se han centrado en el beneficio y la producción a gran escala, en la apropiación de recursos naturales, en el expolio/despojo del Sur global y en la invisibilización de los trabajos no remunerados feminizados. La bolsa, los grandes mercados, no producen riqueza, producen beneficio financiero, es decir, la acumulación del poder en manos de unos pocos. Mientras se vende que la igualdad es real, nos encontramos con una sociedad dividida y jerarquizada por el sexo; ellos cobran más, sus trabajos son más importantes, las mujeres son las que siguen reduciendo sus jornadas para poder criar y atender al cuidado de las personas dependientes cercanas a su entorno, el embarazo sigue siendo el motivo de mayor discriminación laboral y la violencia, como la violación de los derechos de las mujeres, es el pan de cada día.

Nuestras sociedades necesitan una transformación; debemos atender a lo que realmente es importante, necesitamos reorganizarnos de tal forma que el trabajo que realicemos sea para poder seguir viviendo en sociedades igualitarias, sostenibles y cuyo objetivo prioritario sea el cuidado y la felicidad de la población.

En la actualidad los recortes nos afectan especialmente a las mujeres y las tareas que realizamos para poder seguir viviendo: Los recortes en sanidad, en educación, en ayuda a la dependencia, las reducciones de jornadas, las pensiones ínfimas, hace que sean las mujeres las que sostienen el nefasto impacto de esta crisis. Por ello, nosotras hablamos de crisis civilizatoria, que no comienza con el estallido financiero, sino que hunde sus raíces en una estructura patriarcal que afecta a nivel ecológico, de reproducción social y de cuidados, que visibiliza un sistema perverso que mal sostiene la vida. La actual crisis tiene que ver con las estructuras fundamentales de nuestra sociedad, en cómo nos organizamos y con las cuestiones que priorizamos.

Poner la vida en el centro de la política supone, en primer lugar, redefinir y revalorar conceptos claves como trabajo, riqueza o bienestar.

Es necesario un replanteamiento de la idea de vivir bien y queremos cuestionar también el papel central que tienen el mercado y el consumo capitalista. Y es que resulta vital que en el centro de nuestras políticas se sitúe la acción a favor de una vida más sostenible y que merezca la pena ser vivida, priorizando los afectos, atendiendo a la importancia social de los vínculos interpersonales y del cuidado colectivo, reconociendo la vulnerabilidad e interdependencia de todas las personas.

Hasta ahora las políticas públicas se han centrado en el modelo tradicional de ciudadano: varón adulto, blanco, con poder adquisitivo medio-alto, sano, autóctono, independiente, que se traslada en vehículo privado y elude sus responsabilidades familiares, con lo que se invisibiliza que somos las mujeres las que sostenemos las necesidades más básicas, y las que, mayoritariamente, sin cobrar o ganando muy poco, sacamos adelante lo que se conoce como trabajo doméstico. La separación entre espacio privado y público ha dividido los trabajos en función del sexo y ha desvalorizado los que se centran en la reproducción, el cuidado y el acompañamiento en la muerte. En estos tiempos de recortes atroces, la vulnerabilidad es cada vez mayor; la macroeconomía beneficia a poca gente mientras muchas personas no tienen ni para pagar la luz. La organización social debe priorizar la vida y las necesidades de la vida frente al sistema patriarcal, a los mercados y a los grandes capitales financieros. Debe también así como asegurar que cada persona individual tenga sus derechos y que no dependan de su estado civil, de si es heterosexual o lesbiana, o transexual, blanca o negra.

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Por eso rechazamos todos esos macroproyectos que han demostrado ser una fuente de corrupción y han beneficiado a unos pocos que han llenado sus bolsillos a cuenta del dinero de la ciudadanía. Queremos llevar adelante políticas públicas que respondan a las necesidades de todas las personas, especialmente a las que se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad y exclusión. Por ello, defendemos la redistribución de los trabajos y de los tiempos, de las riquezas y los recursos existentes, lo que supone también el reparto y la reducción de la jornada laboral para que podamos trabajar dignamente todas las personas, sin pérdida salarial. Igualmente consideramos importante revindicar el derecho a la pereza y que el trabajo no sea la única forma de dar valor a la ciudadanía.

Poner la vida en el centro de la política supone también adoptar actitudes responsables y honestas a la hora de diseñar el futuro de nuestros barrios y de nuestros entornos ambientales. Queremos fomentar un disfrute colectivo y diverso del espacio, sin hipotecar los recursos existentes y sin añadir más daños medio ambientales a los ya causados.

Supone además confrontar las lógicas financieras y desarrollistas que siguen guiando en gran medida los diseños urbanísticos (crisis inmobiliaria), apoderándose de los espacios colectivos de uso gratuito (paisaje, silencio, calidad del aire) y fomentando la segregación social y de género en el uso y disfrute de los lugares.

En definitiva, es necesario rescatar conceptos tales como igualdad, sostenibilidad, convivencia, proximidad, empatía, transparencia y solidaridad y llevarlos a la práctica en las políticas municipales, participando en la construcción de otras formas de vida cotidiana que favorezcan las relaciones sociales, el tiempo para el ocio y una vida más colectiva, inclusiva, solidaria y no sexista.

El Ayuntamiento de Donostia tiene suficientes competencias para poder realizar cambios estructurales y organizacionales, tales como desarrollar un sistema de impuestos mucho más solidario, impulsar la creación de empleos sostenibles y centrados en mejorar la vida en Donostia, con la generación de cooperativas integrales donde lo importante sea, por ejemplo, que a la ciudadanía no le falte de nada. Así mismo, competencias en el cuidado a la dependencia, en participación, en la gestión del espacio público, hace que podamos plantearnos una Donostia cambiada, transformada.

Llevamos años viendo cómo las instituciones juegan a la apariencia de la igualdad. Se manipula el discurso de la Igualdad, para que todo siga casi igual.

Los gobiernos, los partidos políticos, nos dicen que sí, que la igualdad, que la justicia social son algunas de sus prioridades pero después asistimos al incumplimiento constante de sus promesas. Se elaboran leyes, planes, ordenanzas, protocolos, etc., para no cumplirlos, se realizan informes que después se olvidan en los cajones y que nunca se aplican.

Las políticas de igualdad son necesarias sobre todo para generar una sociedad más justa y no, como muchos piensan, para beneficiar exclusivamente a las mujeres. En la actualidad, la falta de equidad en las políticas públicas expulsa a las mujeres de su derecho de ser ciudadanas. Las estructuras de la administración están totalmente sesgadas, las normativas, reglamentos y planes no están pensados con criterio de equidad. Para empezar, necesitamos que las leyes de Igualdad se cumplan, que se hagan además auditorias del gasto publico, presupuestos con perspectiva de género y participativos, y se realicen estudios del impacto de los presupuestos públicos para conocer qué es lo que la administración está potenciando o qué no de las ordenanzas, programas y servicios que se están gestionando. La ciudadanía debe poder acceder fácilmente a los presupuestos y proyectos de la administración. Es obligación de ésta realizar informes y trasladar la información de una forma sencilla, directa y llana, para que la ciudadanía entienda y efectúe un justo control del gasto público, así como de los proyectos que se potencian.

Es importante impulsar que la ciudadanía se organice y movilice para fiscalizar, exigir y evaluar la actividad institucional y participar de la cosa pública. El actual sistema de democracia representativa hace que la clase política funcione como una delegación que decide por la ciudadanía. El actual sistema de gobierno escapa de la participación ciudadana. Para nosotras es muy importante que la ciudadanía este activa, y que pueda dotarse de recursos para gestionar, junto con la administración, las cuestiones que le competen; es imprescindible tener en cuenta los tiempos y los ritmos para ello. De ahí que sea necesario un cambio en la cultura organizacional de la administración, ya que está totalmente sesgada y creada desde una mirada masculina tradicional. Defendemos una manera nueva de usar y entender el poder, donde la ciudadanía sea parte activa para “poder hacer cosas” y no para que el poder se las imponga.

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La igualdad es un derecho fundamental no un elemento que debe usarse para hacer campaña y después dejarla olvidada en un cajón. Así por ejemplo contemplamos atónitas los conflictos enquistados durante 19 años de los Alardes en Hondarribia e Irun, o la falta de personal y recursos económicos en la administración para gestionar la igualdad o la participación. Las políticas de igualdad no son aquellas que afectan solo a las mujeres. No incluir la perspectiva feminista en la política hace que las administraciones sean parciales, que no atiendan a las cuestiones más básicas relacionadas con las necesidades vitales, potenciando por ejemplo arreglos innecesarios en macro-estadios deportivos mientras las personas no pueden pagar la luz, el alquiler o la comida.

El patriarcado ha generado un orden basado en la jerarquía de los sexos, en la división de lo público y lo privado,en un reparto de tareas donde los roles y los estereotipos de género funcionan como cárceles para los cuerpos, afectando especialmente a los cuerpos diagnosticados como mujeres al nacer, ya que son ellas quienes tradicionalmente se han encargado de sacar la vida a delante, las encargadas de realizarr todas las tareas invisibilizadas de cuidado y de sostén de la vida.

El patriarcado se apoya además en muchas instituciones, entre ellas la Iglesia Católica, no debe permitirse que la Iglesia, así como otros agentes religiosos, participen como un agente político más. La religión es un aspecto subjetivo que no debe imponerse socialmente. Es inconcebible que, en el siglo XXI, tengan tanto poder público, así como privilegios fiscales y sociales, instituciones religiosas tremendamente sexistas y machistas. La iglesia no puede inmiscuirse en la vida pública y, al mismo tiempo, debe someterse a la legalidad vigente; debe aceptar las leyes de igualdad y reestructurar su ordenamiento patriarcal así como abstenerse de difundir mensajes sexistas, lesbofobos, transfobos, racistas o de otra índole.

Vivimos en la ficción del sujeto neutral. Las administraciones tratan a la ciudadanía como una masa uniforme y no atienden a su diversidad, ni a las estrategias múltiples que los cuerpos ponen en marcha para salir adelante.

Por supuesto, el modelo de sujeto político es el hombre, un cuerpo directamente relacionado con el espacio público, el mercado de trabajo, un sujeto que en teoría mantiene una familia. Ese es el modelo de ciudadano que las sociedades modernas han creado, pero nada más lejos de la realidad. Incluso la concepción de hombre es parcial, ya que no se visibilizan muchísimas de las necesidades que ese sujeto tiene. En la actualidad nos encontramos con un sistema económico y social que en vez de poner a los cuerpos al servicio del autocuidado y la supervivencia, hace que éstos trabajen al servicio de la productividad; trabajar para acumular capital. Estos capitales nunca revierten en la ciudadanía, siempre se acumulan en las grandes fortunas.

Los medios de comunicación y las representaciones hegemónicas invisibilizan la diversidad corporal. Generan un modelo de cuerpo normativo, nunca enfermo, basado en la belleza y los estereotipos de género. Nada se dice del cuerpo diverso funcional, se les llama inválidos pues no sirven a la cadena de producción capitalista. Pero esos cuerpos no normativos, que escapan de esa ficción de perfección que nos venden constantemente son válidos para vivir y tener vidas que merezcan la pena ser vividas. Es importante que atendamos a la diversidad corporal y que adecuemos nuestra ciudades y pueblos para que todos los cuerpos puedan desarrollar vidas dignas de ser vividas. Y que generemos espacios seguros, acogedores, habitables y transitables.

La sociedad actual desquebraja también el modelo de familia nuclear donde una varón gana el sueldo y una mujer cuida de é y su prole. Cada vez vemos más familias monomarentales, u otras unidades de convivencia y supervivencia. El modelo de familia nuclear es un modelo impuesto que surge en paralelo al sistema capitalista. Las familias anteriores eran extensivas y no separaban el trabajo asalariado del trabajo necesario para seguir viviendo (doméstico). En la actualidad el patriarcado pretende imponer la heterosexualidad como único modelo, pero la sexualidad no es natural, el modelo de familia nuclear es una producción histórica y otros modelos de familia más solidarios son posibles. Creemos necesario eliminar la “maternidad obligatoria” del inconsciente colectivo de las mujeres, es fundamental visibilizar que las mujeres pueden ser igual de felices siendo madres o no, siendo heterosexuales o lesbianas, contruyendo vidas y proyectos que no deben girar obligatoriamente en torno a la familia nuclear y la reproducción de la especie.

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El actual sistema económico y social no se limita a generar un sistema de reparto del capital, también gestiona la forma en la que la raza humana se reproduce. Se produce una forma determinada de hombres y de mujeres, para apuntalar un sistema que asegure mano de obra alimentada y cuidada. El control sobre el cuerpo gestante es un buen ejemplo de esta realidad, la negativa al derecho al aborto libre y gratuito dibuja un Estado preocupado por un control férreo sobre las mujeres, el cuerpo reproductor.

Es paradójico observar cómo condenan unánimemente todos los poderes la violencia machista, pero si leemos los catálogos de juguetes, en ellos se categorizan las herramientas de aprendizaje de las criaturas a través del rosa y el azul, a los niños les regalamos pistolas, acción-mans, balones y espadas para que aprendan, y a las niñas en cambio las entrenamos con barbies, bebés de juguete y minicocinas. Cada vez son más los cuerpos que rompen con la lógica impuesta de heterosexualidad o masculinidad y feminidad hegemónicas, un modelo que educa a los niños en la violencia y el fortalecimiento corporal mientras enseña a las mujeres a ser bellas y débiles. La marca biológica, la genitalidad, no debiera ser tan determinante en la vida. En la actualidad, aunque se oculte, sabemos que existen más de dos sexos, y que los modelos de macho y hembra son construidos. Cada vez son más los cuerpos intersexuales, que no tienen ni genitalidad masculina ni femenina, son más los cuerpos transexuales, aquellos que reniegan de la asignación de un género dado al nacer. Estos cuerpos ponen en duda la gestión hegemónica de los cuerpos, visibilizan que el discurso de la naturaleza masculina o femenina son falsos. Los cuerpos deben tener el derecho de construir su genero, su identidad y su sexualidad libremente, así como asociarse con otros cuerpos en unidades de convivencia o familiares alternativas al modelo de familia nuclear, si así lo desean.

Necesitamos una sociedad que no imponga una función social basada en la genitalidad de los cuerpos, ni en su raza, ni en su forma, ni en su edad. Por todo ello decimos que PlaZ! es mucho más que una plataforma de mujeres, PlaZ! es una plataforma Feminista que pretende visibilizar que el machismo y el sexismo es un mal que afecta a todos los cuerpos, y que es necesario transformar nuestras sociedades.

Atender las necesidades corporales no es una función exclusiva de la medicina. De hecho el exceso de medicalización es tremendamente negativo. En la actualidad, la medicina, además de curarnos, también nos traslada una imagen demasiado mecanicista de los cuerpos, y está sesgada por los mismos valores hegemónicos que imperan en nuestra sociedad. La excesiva ginecologización de los problemas de las mujeres, la ingesta masiva de hormonas recetadas, son una muestra de ello. La estrecha relación de la medicina convencional con las empresas farmacéuticas hace que en muchas ocasiones los intereses se perviertan, como es el caso de las enfermedades mentales; cada vez se definen más trastornos psiquiátricos paralelos al surgimiento de nuevos medicamentos. Las drogas son ilegales pero la medicina y la empresa farmacéutica atiborran de medicamentos legales a la ciudadanía. No debe olvidarse que la medicina y la psiquiatría hegemónicas condenaron a las lesbianas como enfermas mentales, y que en la actualidad se sigue haciendo con la transexualidad. Las operaciones de reasignación de género, están controladas por la clase médica, que es la que decide cómo debe ser el cuerpo de las mujeres y los hombres, obviando que puedan existir mujeres con pene y hombres con vagina. La importancia y la inversión que se dedica a la cirugía plástica por ejemplo, ese es otro factor que debe alarmarnos en el mal uso de la medicina.

Otros modelos de cuidados son posibles y necesarios. El apoyo socio- sanitario es fundamental. Poder debatir sobre nuestra salud, que se nos informe debidamente y que podamos decidir sobre nuestras necesidades. El cuerpo debe ser un elemento prioritario de las políticas públicas, no para el control, sino para su liberación y autogestión.

Los medios, la clase política y, en general, todo el mundo parece estar en contra de la violencia. Pero es mentira. Sólo algunas violencias molestan; otras se legitimizan, se potencian y se practican.

El actual modelo social se asienta en el monopolio de la violencia de hombres sobre mujeres, los estados con sus policías justifican el uso de la violencia cuando les conviene. La violencia sexista, la homofobia, transfobia, lesbofobia, así como el racismo, no se combaten. Se juega a aparentar, pero lo que nunca nos dicen es que ese tipo de violencias funcionan para estructurar nuestra sociedad. La violencia machista segrega los espacios, hace que las mujeres al nacer deban vivir siempre con miedo. Miedo a salir a la calle, andar sola por la noche. Vivir con miedo es parte de nuestra vida, y estar entrenado para el ejercicio de la violencia es parte de la suya. El numero de denuncias, de asesinadas y violadas no motiva cambios sustanciales, porque esos cambios transformarían las relaciones sociales.

Son necesarios cambios sustanciales. Para empezar, enseñar a las mujeres a defenderse. No es justo que una mujer por el mero hecho de serlo deba vivir con miedo y sin poder defenderse.

Las agresiones sexuales en el ámbito festivo, el creciente número de asesinatos, las microviolencias, el cuestionamiento de la veracidad de las denuncias interpuestas por chicas y mujeres o las declaraciones públicas desafortunadas en espacios de poder que banalizan y justifican la violencia, la violencia verbal desatada en las redes sociales o el tratamiento frívolo, apolítico y sensacionalista de los medios de comunicación demuestran que no es para nada una prioridad de la clase política y de las actuales instituciones.

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Hay que invertir muchos recursos para acabar con la violencia sexista. En la actualidad el sistema se centra en torno a la denuncia, pero el periplo judicial y policial a veces sólo consigue re-victimizar a las víctimas. Son necesarios procesos colectivos de empoderamiento, para que las mujeres nos demos cuenta de que el problema no es nuestro, el problema es social, un problema colectivo que segrega los espacios y los géneros y hace que nosotras vivamos con miedo mientras ellos se ejercitan en el uso de la violencia.

En la actualidad los servicios de atención a la violencia machista son completamente insuficientes. Es necesaria una transformación total. Sobre todo urge que el personal que atiende a las mujeres violentadas este formado en igualdad. Son necesarios procesos que acompañen a las mujeres a reconstruir sus vidas, a conseguir trabajos, y casas donde poder rehacer sus vidas. Lo que necesitan las mujeres que se enfrentan a la violencia machista son más recursos y menos re-victimización.

Es fundamental también entender que la violencia machista está llena de aristas, y que va más allá de la violencia que se dé en el marco de las parejas heterosexuales. La lesbofobia, la homofobia, la transfobia, el racismo, son formas de violencia que se unen y se estructuran a través del machismo. La división entre normales y anormales y un sistema que reprime a los cuerpos que se salen de la norma son parte de la violencia machista. Es fundamental impulsar sociedades donde el uso de la violencia se destierre y no se eduque a unos en el ejercicio de la violencia y a otras como potenciales víctimas.

En más de 2000 años de historia se nos ha olvidado que la función más importante para el ser humano es vivir. En la actualidad nuestras vidas son valoradas a través de la función que cumplimos en lo social.

En general los trabajos que se desarrollan en el espacio público, por mucho que sean más nocivos, o se sustenten en el ejercicio de la violencia, tienen más valor que aquellos que se dan en el espacio privado, o que están relacionados con los cuidados. Ejemplo de ello es la realidad de las trabajadoras domésticas, el que se considere a las amas de casa desempleadas o que las trabajadoras sexuales estén condenadas al ostracismo social.

Si atendemos al trabajo doméstico y sexual vemos las lógicas coloniales y las cadenas de cuidados donde las mujeres y hombres que salen al mercado laboral deben contratar a mujeres migradas para realizar las tareas de cuidados, así mismo esas mujeres dejan a sus familiares en manos de otras mujeres en sus lugares de origen. Este sistema empobrece la vida de las mujeres y las somete a lógicas coloniales, es por ello que es necesario empoderar a las mujeres también económicamente, no en vano hablamos de la feminización de la pobreza, es decir sabemos que la pobreza afecta en mayor medida a mujeres, por el mero hecho de haber sido diagnosticadas como mujeres al nacer.

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Por todo ello es necesario revalorizar los empleos atendiendo a su aportación a la vida y no al mercado. Deseamos contribuir a transformar el concepto de riqueza, ya que ahora esta se vincula con la acumulación de dinero. Para nosotras la riqueza tiene que ver con cubrir necesidades, producir actividad no contaminante y nociva para aquellos elementos con los que convivimos, sean los montes, los ríos, los mares, y el espacio que nos rodea. Es importante producir empleo, pero también es fundamental preguntarnos qué tipo de empleos? A PlaZ! nos interesa una sociedad centrada en cuidarse mutuamente, comunidades que deseen cubrir sus necesidades y generar sociedades justas, desprecariezar la vida y frenar la exclusión.

El objetivo de los presupuestos de género no es conseguir presupuestos para las mujeres sino reelaborar las prioridades de las instituciones teniendo en cuenta las diferentes necesidades y contribución de las mujeres y de los hombres.

Introducir la perspectiva feminista en las políticas públicas supone tener presente, en todas las políticas y programas, los intereses, necesidades, aspiraciones y oportunidades de mujeres y hombres. Tener en cuenta las relaciones jerárquicas entre hombres y mujeres que se reflejan en todos los ámbitos de la vida.

Para ello es preciso introducir el punto de vista feminista en la agenda política dominante, donde se tomen todas las decisiones.

La política feminista afecta a la propia estructura organizativa, requiere de formación y sensibilización en todos los puestos y especialización en igualdad como requisito de acceso para el impulso de la igualdad.

Las estructuras de igualdad han de contar con una autonomía, con la que hoy no cuentan, presupuesto, personal y suficiente desarrollo para poder intervenir en todas las áreas

 

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PRESENTACION DE JOSEBE ITURRIOZ

 

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Nota de prensa

Noticias de Gipuzkoa

Naiz

Diario Vasco

ABC

 


ENTREVISTA EN HAMAIKA TELEBISTA (En euskera)

plaZ! EN LOS MEDIOS 

PRESENTACIÓN DE LA CANDIDATURA

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BLOG DE LA CAMPAÑA

CANDIDATURA PLAZ! 

Josebe IturriozActivista transfeminista

Licenciada en Filosofía. Fundadora de Medeak, creo que todos los feminismos son necesarios. Para mí el feminismo, más que un posicionamiento político es una forma de vida.

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Ana TxurrukaActivista transfeminista

Activista feminista, he luchado en diferentes espacios  (Medeak, Coordinadora Feminista, Transmarikabollo Coordinadora Feminista). Pertenezco a la corriente transfeminista.

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Agurtza ZuberoTécnica de igualdad

Nací en Ermua y en 1987 formé parte de la Candidatura de Mujeres de Ermua. En la legislatura 2007-11, asesora de la concejala de Igualdad de Donostia. Entonces se puso en marcha la Casa de las Mujeres, nuestro mayor logro.

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Juana Aranguren RicaAbogada Feminista

Una de las fundadoras de Plazandreok, candidata a la Alcaldía de Donostia en varias ocasiones.

     

EL AYUNTAMIENTO DE DONOSTIA Y LA IGUALDAD

El interés por la igualdad ha sido electoral, y después se ha trabajado de forma sectorial y muy periferica

No se han hecho políticas transversales, nunca se le dio importancia y sobre todo nadie ha pensado que el feminismo pueda hacer una propuesta de gobierno completa.

Presupuesto con perspectiva de género. Sí pero no.

Un elemento que pueda visibilizar el poco peso de las políticas de igualdad es el presupuesto que el ayuntamiento dedica solo el 0,1 del presupuesto en igualdad.

La estructura del ayuntamiento necesita un cambio profundo

Como los departamentos del ayuntamiento están tan atomizados, puede ocurrir que lo haga Igualdad lo deshagan otros, ya que departamentos como Cultura o Deportes no tienen en cuenta principios de igualdad cuando diseñan sus políticas. 

PRINGATE

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